5 lugares apacibles para aplastarse después de comer y antes de regresar a la chamba 5
Este texto aborda algunos lugares de interés en la ciudad de México, sin embargo en esta ocasión está más dedicado a los que trabajan en la ciudad que a sus visitantes. De cualquier manera, disfruten.
Durante los 13 años que he pasado chambeando en la ciudad de México, la geografía de mis centros de trabajo ha sido muy variopinta. He tenido que trabajar en instalaciones primermundistas, situadas en colonias cuasi-inaccesibles en las que no hay nada que ver ni visitar (te maldigo Santa Fe). Y también he trabajado en edificios vetustos en los que uno confunde las ventanas con las grietas provocadas por el último temblor, pero que están en medio de lugares interesantes.
La ubicación de donde esté chambeando uno, según mi experiencia, es crucial para no volverse loco con los dislates que uno enfrenta todos los días en su trabajo. Eso que digo no obsta nada más respecto a la longitud del recorrido que hagan entre su casa y su lugar de trabajo y viceversa, sino que también aplica para responder la siguiente pregunta: “¿y ahora que ya acabé de comer y no tengo ganas de regresar todavía a seguir contemplando el monitor de la computadora, qué hago?”
He aquí una lista de recomendaciones para visitar después de comer y antes de regresar a la chamba, a partir de cinco lugares en donde me ha tocado trabajar.
1. Unidad Cultural del Bosque: Este lugar está situado detrás del Auditorio Nacional. Consiste en un conjunto de teatros e instalaciones culturales del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes) y ahí mero está el edificio de la dirección general del Instituto. Es un lugar muy arbolado y agradable para estar, lo malo es que a la hora de la comida se llenaba de la misma gente con la que había pasado la mañana chambeando y, eso me arruinaba la estadía. En vez de quedarme ahí, entraba al metro Auditorio y cruzaba la avenida de la Reforma como topo, por el subsuelo. Del otro lado pasaba entre el Hotel Presidente (el hotel donde se quedó Obama, como se le conoce en la actualidad) y el Nikko y llegaba a Campos Eliseos. Continuaba en esa dirección hasta dar con un parque que se llama parque Lincoln. Ahí me sentaba a aplastar las tepalhuanas mientras veía a las vecinas polanquitas sacar a pasear sus perros.
2. Villa Coyoacán: Si uds, lectores, están encerrados todo la mañana en una chamba pitera que esté en esta colonia y no saben para donde dirigir sus pasos después de la hora de la comida, les recomiendo el siguiente recorrido. Salgan a la avenida Miguel Angel de Quevedo y caminen por su acera norte hacia el poniente (¿los hice bolas? Cómprense una brújula). Al llegar a la calle de Pino caminen hacia el norte unas pocas cuadras (cuidado porque ahí vive Jorge Serrano Limón, no los vaya a convencer de que el aborto es un boleto al infierno). En la acera poniente, van a hallar una callejuela llamada Callejón del Aguacate. Dicen que está embrujado y que cuando uno pasa por ahí lo espantan y se paran los relojes. Son patrañas. Caminen por el callejón y contemplen los gigantescos árboles de la Casa de la Cultura cuyo frente está en Francisco Sosa. Si atraviesan todo el callejón van a salir a una calle que se llama Dulce Oliva. Dicen que esa calle la abrió el Indio Fernandez (cuya casa es el remate de esa calle) y la llamó así en honor a Olivia de Havilland, que lo ponía. Están cerca el Museo Nacional de la Acuarela y la Fonoteca Nacional, dos edificios chidos con contenidos todavía más chidos.
3. Las Aguilas: Quien chambeé aquí está jodido si no toma un microbús que lo saque a Mixcoac. Ya estando en Mixcoac no vayan a cagotearla caminando hasta Insurgentes para meterse al Liverpool o a Galerías. Si usan su hora de comida para ir a meterse a un centro comercial se merecen quedarse toda su vida trabajando en Las Aguilas. Mejor, una vez que el camión los haya dejado en Patriotismo y el eje 7, caminen rumbo a Insurgentes, por una calle que se llama Empresa. Se llama así porque, otrora, había ahí una fábrica de ladrillos. De acuerdo a las crónicas de la delegación Benito Juarez, esa empresa es la que hizo los agujerotes en los que están situados actualmente la plaza de toros y el Parque Hundido. Mucho antes de llegar a Insurgentes van a encontrar una calle que se llama Augusto Rodin. Caminen por Rodin hacia el norte y hallarán una plaza minúscula en un rincón que parecería transladado de un población bucólica si no fuera por tanto pinche coche que circula por ahí. Se llama plaza Gómez Farías y ahí mero está la casa en la que vivió Valentín Gomez Farías en la que ahora se enseña historia. En la casa de al lado vivió Octavio Paz cuando todavía mojaba la cama.Frente a la plaza hay una iglesia diminuta en la que sólo entramos mi esposa y yo una vez para huir ahuyentados por el cántico macabro de la Guadalupana. En la que fue casa de Gomez Faría ahora es el Instituto Mora y en su interior a veces montan exposiciones de aspectos históricos poco conocidos de la ciudad. La exposición más notable que he visto ahí, es una dedicada a la industria del autotransporte urbano de pasajeros durante la segunda mitad del siglo XIX. Como no había electricidad en la ciudad los tranvías eran propulsados por tracción animal, es decir mulas. Había toda una “asnocultura” alrededor de esa industria. Conozco gente que todavía vive inmersa en ella.
4. Corredor Reforma Chapultepec. Si, ud avezado lector, trabaja en las proximidades (o en) la Torre Mayor, no se me vaya a apendejar yéndose a caminar a la hora de la comida a La Condesa o a la Zona Rosa. Son horribles. Propongo otra caminata. Váyase a la acera norte de Reforma y camine hacia Chapultepec. Al cabo de un rato va a ver unas puertas de hierro cuidadas por unos leones de bronce. Es La Puerta de los Leones que da acceso al bosque de Chapultepec. Entre y camine por el largo pasillo bautizado Calzada de la Juventud Heróica, sin dejarse amedrentar por el nombre grandilocuente. Camine hacia el Monumento a los Niños Heroes pero no llegue hasta él, pues durante el día es enceguecedor por una combinación perversa del marmol blanco y la luz del sol. Proteja sus córneas tomando asiento en alguna de las bancas que están en los pasillos laterales y refrésquese bajo los árboles mientras contempla a los pobres infelices de los conductores que batallan con el tráfico de Circuito Interior.
5. El Centro Histórico. Trabajé durante algunos meses en el Centro Histórico y fuí feliz. De todos los sitios que había para visitar, uno de mis preferidos eran los jardines del Palacio Nacional (sí, hay jardines, hasta la fecha me sorprende la ignorancia de mis coterraneos que nomás conocen los murales de Rivera). Hay que cruzar el patio principal (el que tiene una fuente enorme) y pasar por un pórtico para llegar a los jardines. Las remodelaciones recientes a esta parte del Palacio Nacional lo dejan a uno con la impresión de que está a la mitad de un pueblo alejado de la urbe y el bullicio. Los gritos de los vendedores de la calle de Moneda apenas se alcanzan a filtrar por las gruesas paredes. Quizá vean a algunos burócratas que trabajan en el Palacio Nacional aprovechando los rincones del jardín para fajar con alguna secretaria. Ignórenlos, tomen asiento y reflexionen si vale la pena regresar a su chamba.
Si uds conocen algún sitio chido que suelan visitar después de comer y antes de regresar a chambear, aunque no trabajen en esta olla de grillos histéricos que es la ciudad de México, ahí están los comentarios para que lo den a conocer.
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Lo dicho: usted si sabe aprovechar la ciudad!
Sentarse en una banquita en el parque de los venados, también es muy chido.
Hoy a la hora de la comida fuí a hacer el recorrido de Chapultepec y descubrí entre otras cosas el audiorama y el antiguo obelisco dedicado a los niños heroes. Esa parte del bosque no la conocía y se merece otra bosta en este blog.
Héctor, que no se te olvide el memorial del H. Escuadrón 201, tras el cual se esconde el audiorama.
En Mixcoac hay un parquecito muy lindo, aunque está rodeado por una iglesia, la casa de cultura Juan Rulfo y por la universidad…creo que Panamericana. Se llega a él por la calle Goya.
No manches, tus posts en este blog son la neta, a mi me gustaria conocer la ciudad como tu.
Saludos amigo.
Magnifica pagina! Para chilangos como yo que vivimos ya hace muchos an~os en tierras otras a las de la sufrida patria nuestra, esta pagina ilustrada con bellas fotogafias y con narraciones tan floridas y grandilocuentes de su autor y visitants es un verdadero agasajo para calmar nuestras melancolias por el atribulado de-efe. Buenisima onda! –perdon por la falta de acentos pero aca no hay-
No te pases hermano. Está chidísima tu página. Artículos interesantes, redactados de una amena y chilanguesca manera que ya quisieran muchos. Y no es que sea un resentido social ni nada parecido. Pero los chilangos cobijamos a quien sea de donde venga. Cosa que no pasa cuando viajamos a provincia. Hay que reconocer que algunos co-terraneos son unos nacotes y no se comportan a la altura en otros lugares. Pero no todos los chilangos somos chusma. Un abrazo y adelante!
Muy muy muy buen artículo, muy buen lenguaje
muchas gracias! estaba buscando la dirección de la casa de octavio paz y gracias a ti la visitaré próximamente.
Felicidades y te estaré leyendo
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