La calle Donceles
La ocasión más reciente que fuímos a Donceles mi esposa y yo, lo hicimos como quien se prepara para una expedición.
- ¿Ya sabes qué títulos vas a buscar?
- Sí ¿y tú?
Íbamos, como otras ocasiones a las librerías de viejo, a usarlas de último recurso para hallar textos que ni en Gandhi, El Sotano, ni en la Biblioteca México ni en la Central conocían.
Dicen los enterados que la calle Donceles, en el centro histórico de la cd de México, es de las más antiguas y su nombre proviene de tiempos apenas posteriores a la conquista (aunque a lo largo de las cuadras la calle cambiaba de nombre varias veces). Si buscan en el diccionario la palabra donceles encontrarán que tiene varias acepciones: joven noble aún no armado caballero e hijo adolescente de padres nobles. También hay otra acepción: hombre que no ha conocido mujer. Si es de esta de la que proviene el nombre de la calle, yo colijo que antiguamente Donceles ha de haber estado poblada de vírgenes, eunucos o de señores que resolvían su sexualidad con otros señores.
Para llegar a Donceles en metro basta apearse en la estación Bellas Artes y cruzar el eje central. Recomiendo empezar a recorrerla a partir de ese punto para que aprecien la oferta de los changarros de la calle: lupas, libros viejos, telescopios, 1 tienda de pelucas, 2 teatros, 1 iglesia, microscopios, cámaras de fotografía antiguas y nuevas, marcos, posters, ruinas prehispánicas, yerbas milagrosas y edificios notables.
El primer edificio notable que uno puede ver es el Museo Nacional de Arte antes Palacio de las Telecomunicaciones. Como su fachada en la calle Tacuba, la parte posterior del edificio es majestuosamente porfiriana y afrancesada.
Más adelante en el número 24, en la acera opuesta a la del museo está el teatro Fru Fru que es un sitio que la mayor parte del tiempo he visto cerrado y cuando no, ofrece espectáculos de cutrez variopinta.
En la esquina con Allende se van a encontrar un edificio de arquitectura clásica. Es la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Debajo del frontón hay un letrero que dice Cámara de Diputados, porque desde 1872 estuvo repleto de diputados que descomponían la nación. A partir de 1988 está lleno de representantes que nomás descomponen la ciudad. Antes de eso el lugar fue plazuela de venta de esclavos, luego baratillo que albergó a los comerciantes reubicados del Parián (mall novohispano ubicado en el zócalo), lugar de espectáculos populares y teatro. En la actualidad el único espectáculo que se puede ver ahí es el que ofrecen, en un lado de la escalinata, algún grupo de gente enarbolando demandas ininteligibles en parncartas y del otro lado a granaderos haciendo como que mantienen el orden con la pura mirada torva.
En el número 39 de Donceles hay un edificio con fachada de tezontle. De esos hay varios en la calle. Este tiene la virtud de haber albergado, según una placa de la Dirección de Monumentos Coloniales de la República, el Hospital del Divino Salvador para mujeres dementes, en 1700. Funcionó hasta 1910 cuando a las inquilinas las mudaron a La Castañeda. Debido a la innegable población creciente de chilangas dementes, hago un llamado a las autoridades a que ocupen el edificio para lo que fue planeado originalmente.
En la acera contraria está el otro teatro de la calle, el Teatro de la Ciudad. A mucha gente le gusta la fachada clara y neoclásica. A mí me gusta imaginármelo en llamas como en el incendio de 1984 o bien en ruinas, como estuvo antes de su remodelación en 1999. En el 2008 cumplió 90 años, lo que lo vuelve uno de los edificios “jovenzuelos” de la calle.
En este punto mi mujer y yo nos detenemos y nos metemos a una librería de viejo.
Hay quienes consideran el olor de librería vieja uno de los más interesantes que su olfato haya percibido. Yo lo único que percibo es polvo y celulosa en decadencia, que no están en mi lista de olores fascinantes. No obstante, me aguanto pues cada librería en Donceles tiene títulos geniales.
Pregunto:
- ¿Tiene novelas de Evelyn Waugh?
Y me responden con sinceridad.
- No sé quien sea esa señora pero ahora la buscamos en la sección de novelas.
Al cabo de repetir esa operación en varias librerías tengo novelas de Evelyn Waugh, esa “señora”, que no había yo encontrado en otra parte. (Nota culturosa: Evelyn Waugh, como Dickens, es inglés y carece de vagina).
Hay varias librerías de viejo. Las que más me gustan a mí son las que tienen nombre de cofradía: “Los hermanos de la hoja”.
Sin embargo, no quiero dejarlos con la impresión de que en el acervo de las librerías de Donceles van a hallar cualquier texto. Mi esposa estaba buscando para su mamá un cancionero Picot y jamás lo halló.
Hay muchas cosas más que verle a Donceles, los edificios más notables que siguen en el recorrido son los correspondientes al número 66, sede de la Academia Mexicana de la Lengua que tiene lema de producto higiénico: Limpia, fija y da esplendor; El Palacio de los condes de Heras y Soto en la esquina con República de Chile, sede del Consejo del Centro Histórico, y más adelante, el Antiguo Colegio de Cristo actualmente Museo de la Caricatura. Todos edificios de fachada de tezontle. Tampoco olviden asomarse a una iglesia dedicada a “Nuestra Señora del Pilar” o La Enseñanza. Tiene uno de los atrios más diminutos que he visto y su interior es barroquísimo.
Frente al templo de La Enseñanza, en la otra acera hay un pasaje que se llama Pasaje Catedral. Desemboca en el culo de la Catedral Metropolitana y les recomiendo que lo visiten (hablo del pasaje no del culo de la catedral) para que conozcan el surrealismo de un changarro de yerbas curalotodo.
En la esquina con República de Argentina Donceles cambia de nombre a Justo Sierra, que fue un señor que fundó la Universidad Nacional. Están a un costado del Templo Mayor y del Palacio del Marqués del Apartado, ahora oficinas del INAH. La constraesquina es famosa por estar en la contraportada de los libros de la Colección Sepan Cuantos de Porrúa.
Más adelante, ya en justo Sierra, están dos joyas de la calle. Una conocida y otra no tanto. La primera, es el edificio del Antiguo Colegio de San Ildefonso. El colegio existe desde que lo fundaron los jesuitas en el siglo XVI, aunque el edificio que están viendo es del s XVIII. Además de funcionar como escuela, el edificio fue cuartel en las invasiones gringa y francesa. Ahora alberga exposiciones, la mayoría muy buenas y alguna que otra muy pinche.
La otra joya de la calle que casi nadie visita es una que se está cayendo que está en la acera opuesta a San Ildefonso. Es un edficio que alberga la Biblioteca de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. En estos tiempos de Google Earth, Google Maps y StreetView ir a consultar el acervo de una mapoteca es un anacronismo exquisito que no se deben perder.
Caminen por Donceles y Justo Sierra, pues.
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Más de lo mismoOtra crónica en: Buscando vendedoras de caricias en San Juan del Río


















Definitivamente, iré a chilangolandia esta semana santa que los chilangos tienen el buen gusto de salirse.
Excelente crónica!
Me encantan las librerías de viejo sobre todo cuando encuentro algo inesperado y digno de atesorar, como en esta ocasión
Que bien señor que se de sus vueltas por el centro, y que cree, en uno de los lugares que comentó estoy desde el mes pasado laborando, je je, por lo que desde el centro le mando un saludo.
Que este bien.
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