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Controlzape La Feria de las Culturas Amigas

15 June 2010 413 views 4 Comentarios Autor: Controlzape

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Sí uds, avezados lectores, han tenido oportunidad de recorrer recientemente Paseo de la Reforma, entre la Columna de la Independencia (el ángel pues -aunque siendo estrictos es una victoria alada no un vulgar ángel con tetas-) y la Torre Mayor, quizá hayan visto, en los andadores, a la hora de la comida, a un señor de las siguientes características.

Mirada perdida, ojeras hasta el cuello, gestos erráticos y andar de búsqueda desesperada. A su lamentable imagen, hay que añadir un desfiguro: cada tanto se detiene, olfatea el aire, se pone de rodillas y comienza a lamer el suelo. Luego se levanta, echa un suspiro de hondísima desesperación y continúa su zigzag.

Si se encuentran a ese individuo, no se espanten. Es estrafalario pero inofensivo y está buscando migajas. ¿Que cómo sé eso? Pues porque ese fulano soy yo. ¿Que cómo fue que llegué a ese estado? Muy sencillo. Así me dejó la Feria de las Culturas Amigas.

Un día, hace un mes, salí de la oficina, dí 10 pasos hacia Reforma y ví los armazones de unos stands. Altos, forrados de banderas y en la cima de cada uno, el nombre del país participante.

Leí “Líbano” en uno de ellos y comencé a salivar pensando en tabule.

La Feria de las Culturas Amigas es un evento anual (este que recién pasó era su 2da edición) y consiste en rellenar los puestos que ya mencioné con oriundos de los países expositores, y estos, a su vez rellenan el espacio sobrante del puesto que el GDF les asignó con vendimia de sus lugares de origen. Y comida, mucha comida.

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La feria la inauguraron un viernes y durante casi todos los días de las siguientes tres semanas me apersoné en distintos puestos para armar mi plato de comida del día. Así servido, me sentaba ante la fuente de la diana, en la banca noroeste de la glorieta. De esa manera, mientras comía delicioso, satisfacía mi agalmatofilia contemplando las nalgas de la diana y era yo una de las personas más felices del planeta.

Quien tuviera alguna deformidad mental que le impidiera comer platillos con nombre de albur se perdió la mitad de la mejor gastronomía que ofrecía la feria. Comí platano relleno de carne hondureño, carne en vara venezolana, tabule y pay de datil libanés, té de manzana y doner kebab turco, pan de jengibre coreano, banderillas de pulpo japonesas, arrachera y alfajores argentinos, strudel y pan de zarzamora alemán, quiche francés, jamón serrano y pinchos de chorizo español, pan de cebolla y jitomate deshidratado italiano, arepas colombianas, choripanes argentinos y uruguayos, empanadas paraguayas y agua de chicha con piña panameña.

Los precios en algunos puestos eran razonables y en otros lo que le daban a uno era desproporcionado a lo que pagaba (¿dos rebanadas al punto de la transparencia de jamón serrano por 30 pesos en un pan embarrado de jitomate?), pero casi todo lo que probé, caro o no, estaba muy sabroso.

Seguramente muchos de estos platillos que he mencionado los pueden hallar en su restaurante español, aleman, turco, libanés, italiano, francés, venezolano, coreano, japonés, argentino, etcétera favorito, pero la razón por la que la feria rifaba era la diversidad. Y como en muchas otras cosas la variedad es lo que hace la diferencia.

Además de los changarros por país, los organizadores de la feria pusieron debajo de unas carpas, exposiciones de fotografías para que el público se enterara de aspectos cotidianos y contemporáneos de los países participantes. En ese marco yo me enteré de la existencia de la asombrosa tradición de narrativa oral lemka.

Los lemkos, amigos y vecinos, son unos habitantes antiguos de Europa Oriental, más específicamente de los Cárpatos. En la actualidad, entre guerras y movimientos demográficos, los lemkos se han luído entre Ucranianos y Polacos. No obstante, hay un esfuerzo por rescatar la herencia cultural y el idioma. Uno de esos aspectos de herencia cultural consiste en su tradición oral que es genial. A continuación pongo el fragmento de un cuento lemko de los que estaban expuestos y su correspondiente ilustración.

Érase una vez un muchacho llamado Juan que como andaba con un bastón de metal que pesaba 3 kilos, lo llamaban Juan de Hierro. Tenía tanta fuerza que con su bastón cortaba los árboles, mataba a los animales y al aventarlo para arriba agujereaba las nubes y de ellas caía la lluvia a cántaros. Teniendo una fuerza tan grande no quería trabajar en la granja de su padre y decidió irse a recorrer el mundo.

Cuando iba una vez por el bosque encontró a otro hombre que arrastraba a los abetos y de ellos hacía cuerdas y le dijo:

- Como eres tan fuerte ven conmigo, a lo mejor me harás falta.

Siguieron los dos y de repente vieron a un tercer hombre que arrancaba los árboles con todo y raíces y hacía de ellos cestos.

- Parece – dijo Juan de Hierro – que tú eres muy fuerte. Si quieres puedes venir con nosotros.

En el bosque los cogió la noche. Hicieron una hoguera, asaron los animales que Juan de Hierro había matado con su bastón, se acostaron a dormir y vieron como de repente una gran piedra se levantó y cayó otra vez. Al día siguiente por la mañana, Juan de Hierro vio que bajo la piedra había un hoyo profundo. Entonces le mandó hacer una cuerda larga al hombre que de los abetos hacía cuerdas y al otro, que de los árboles hacía cestos le mandó hacer un cesto grande.

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Había pues, comida y cuentos lemkos y además, cine. Los organizadores de la feria se pusieron de acuerdo con gente del IMSS y consiguieron que éstas prestaran el auditorio de su edificio de Reforma para proyectar películas extranjeras. De esas nomás ví los títulos por que, ni modo, las funciones se exhibían en horarios que coincidían con los de mi chamba, pero espero que varios hayan aprovechado la entrada libre para ver cine de otras latitudes.

Y bueno, ahora ya saben porqué ando como novio abandonado desde que se fue la feria.

Va a ser un año largo.

pd1. Ya que mencioné al edificio del IMSS, me acordé de otra carpa que pusieron enfrente. Esta era para albergar un escenario donde pude ver a alguien recitar el Corán; a unos, pegar brincos de capoera, y a otros, bailar danzón y tango.

pd2. El platillo que más veces comí fue el siguiente:

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Costilla, choripan, carne de res y de cerdo ensartada en vara y cocinada a las brazas, acompañada de salsa de pico de gallo, papa cocida y queso amargo. Una maravilla que indigestaría hasta a Pedro Picapiedra pero que lo vale. Mi papá, que fue un día de visita a la feria, platicó con la esposa del venezolano que preparaba la carne. Se enteró que es de los que van a escoger al rastro el corte para que los carniceros mexicanos no se lo arruinen separando los distintos tejidos y queriendo hacer filete todo lo que se encuentran. Es el puesto que más extraño, snif.

pd3. Una compañera de chamba y yo estamos pensando poner en unas playeras XL la siguiente frase: “Yo sobreviví a la Feria de las Culturas Amigas, nomás tuve que cambiar de guardarropa”. Ahí avisen si quieren alguna.

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4 Comments »

  • La Lupe said:

    A mí lo que más me gustó fue el plato de carne Venezolano, el pay de dátil y dedos de novia de Líbano, el strudel de manzana de Alemania. Ojalá Polonia hubiera puesto un stand para comer de su deliciosa comida.

  • admin said:

    :’( COMO QUE YA SE ACABO!?!?!
    chingao

  • Ribozyme said:

    ¡Avisa a tiempo, carajo! Por algo como eso sí me aviento al DF, si lo que me faltan son pretextos para ir. Ahora tendré que conformarme con babear mientras me imagino las delicias que me perdí.

    Coincido con la Lupe, los dedos de princesa son una majadería de delicia. A mí más que el tabule, me gusta la sopa de jocoque y las hojas de parra rellenas en lo que respecta a la cocina libanesa. Me dicen que de las cocinas del Mediterráneo, dos no tan comunes que valen mucho la pena son la griega y la turca. ¿Había algo de eso?

    El tal Juan de Hierro y sus amigos por lo visto no eran muy ecofílicos…

  • controlzape (author) said:

    Prometo que el siguiente año les aviso con antelación. Nomás les advierto que si veo que se empiezan a acabar la comida, trogloditas estos, los aviento a las llantas de los camiones que pasan por Reforma.

    Ribozyme: Sí estuvieron Grecia y Turquía. Los segundos si llevaban comida (aunque los de Líbano creo que llevaban mejores cosas) y los primeros nomás llevaron souvenirs de tiendatrampadeturistas griega. A ver qué países se ponen el próximo año.

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