Las Chido/Culeras Crónicas Culinarias de Culituerto y Culimocho: Oaxaca.
Culituerto y Culimocho son dos computitos que chambean acarreando bytes en el corredor Reforma-Chapultepec. Estas son las crónicas de sus afanes quijotescos por aprovechar bien los pocos minutos de hora de comida que les dan en su chamba… o, mejor aún, los puentes que les logran escamotear a sus patrones.
Un día 2 de febrero.
Culituerto y Culimocho contemplan una montaña de bytes para acarrear mientras su jefahorrenda da instrucciones:
- Necesito que acarreen esa montaña de bytes de ahí donde está para este otro lado. Cuando terminen la regresan a donde estaba. Para hoy.
- ¿Y si la dejamos donde está y damos la chamba por concluida? – dice Culituerto.
La jefahorrenda hace uso de sus poderes horrendos y Culituerto y Culimocho se ponen a acarrear bytes como si no hubiera mañana.
- ¿A dónde irás en el puente del 4 al 6 de febrero? – dice Culimocho.
- A Oaxaca. Leyendo los posts de Rox sobre el tema y consultando un diccionario Zapoteco-Esperanto he concluído que Oaxaca quiere decir “Lugar de paradisiaca tragadera donde los tinacos están rellenos de chocolate de agua”. Llevaré a Culituerta a averiguarlo – dice Culituerto.
A Culimocho, quien ya ha estado 100 veces en Oaxaca, se le antoja ir por 101 ocasión con Culimocha a comer tlayudas.
Mientras están planeando el viaje, la jefahorrenda se acerca con el jefehorrendo y hacen las siguientes indicaciones:
- Computitos: el código de vestimenta y conducta en esta oficina prohíbe cualquier manifestación de felicidad; pongan cara miserable. Y vayan haciéndose a la idea de que hay que acarrear bytes durante el fin de semana del 4 al 6 de febrero.
Afortunadamente, en la tarde del viernes 3 de febrero los jefeshorrendos, como chimoltrufia, anuncian que así como dicen una cosa dicen otra y no logran sabotear el fin de semana. Culituerto y Culimocho abandonan la oficina de chamba antes de que los jefes horrendos cambien de opinión. Culituerto va por Culituerta y suben a un camión al amparo de la noche. Culimocho sube a Culimocha a su coche en la madrugada y emprende el camino.
Los Tuerto y los Mocho llegan a Oaxaca por vías separadas. Los Tuerto antes del amanecer y los Mocho a las 9.
- Una ventaja de llegar a estas horas a una ciudad que no conoces – dice Culituerto a Culituerta al apearse ante la catedral de Oaxaca vacía y cerrada como casi todo el centro histórico a las seis de la mañana- es que así le conoces la lagañas.
Una consulta a googlemaps y una memorización de 20 calles a la redonda después, los Tuerto dirigen sus pasos al minihotel cuasi hostal para dejar sus alforjas. Su plan para desayunar en el 20 de noviembre se apesta pues Culituerto confunde en el mapa el 20 de noviembre, con el Benito Juarez en donde los únicos puestos que encuentra son de mezcal y artesanías.
- Ni modo que desayunemos mezcal con vestido de tehuana.
Los Tuerto regresan al zocalo y se tienen que conformar con desayunar en los changarros sin chiste de los portales. Cuando Culituerto se da cuenta de su error van al 20 de Noviembre a zamparse un segundo desayuno de pan de yema y chocolate de agua, entre los recitales de menues a gritos de los puesteros y las intervenciones musicales de media docena de cantantes distribuidos en los pasillos del mercado.
Aturdidos de comida deliciosa y ruido, los Tuerto salen del 20 de noviembre y comienzan a planchar a pie las calles del centro histórico. Para que el Sol no los deje ciegos caminando rumbo al este a esas horas, se encaminan rumbo al norte, a Sto Domingo.
En el camino, los Tuerto se tropiezan con la Casa de la Ciudad.
Culituerto es de la idea de que para conocer bien una ciudad es condición enterarse de la oferta que hace la ciudad a sus propios habitantes en materia de exposiciones temporales en todo museo o recinto culturoso al que lo dejen entrar.
- Así aprende uno las nostalgias y anhelos de los oriundos – dice Culituerto.
En el interior macizo y albo de la Casa de la Ciudad -también albergue de la Biblioteca Andrés Henestrosa- Culituerto descubrió una exposición de la edad de oro ferrocarrilera de Oaxaca y cómo eso fue influencia primarísima para que los que vívian en los Valles Centrales pudieran ir con sus triques más allá de donde podían llevarlos sus piernas. También había una exposición notable de estímulo a la lectura consistente en alebrijes lectores.
Ya en Sto Domingo, los Tuerto comprobaron lo que decía Ibargüengoitia del barroco: dorados y garigoleados cubriendo techos y paredes demostraban que los dominicos le tenían horror al vacío.
En el museo regional antes espacio conventual de los dominicos y luego bodega castrense, Culituerto se entera leyendo libros de historia local sobre los amores de Juan Peláez de Berrio e Inesica.
Estar de culturoso da hambre y los Tuerto ponen rumbo al 20 de noviembre para averiguar de primera mano si el tasajo del pasillo de los asaderos es tan bueno como cuentan las leyendas. Ahí, guiado de la mano firme de un locatario, Culituerto rellena una canasta con chiles de agua y cebollas para se los asen con el tasajo y chorizo de uno de la de veintena de asaderos del pasillo. Encontrar lugar es más difícil pero no imposible. Al cabo los Tuerto están sentados ante unos visitantes de Oaxaca, voraces como ellos.
Los Tuerto y sus vecinos de mesa se entusiasman por comer tan opíparamente a cambio de 150 pesos. Chillan pero no saben si es por el humo de los asaderos o por la tragadera deliciosa.
La comida deja noqueados a los Tuerto y deciden que sólo es posible digerir tanto tasajo yendo a dormirse.
Más tarde un telefonazo despierta a Culituerto.
- Vengo saliendo de ver al notario Trinquete. Soy dueño de medio metro en Oaxaca. Veámonos para celebrar – dice Culimocho.
Los Tuerto se encuentran con los Mocho en el zócalo y buscan una tlayudería cerca de Sto Domingo en donde les venden dos rondas de Beneva. El que atiende detrás de la barra les dice: “acá a la vuelta tienen más variedad de mezcales y les dan degustaciones”.
Los Mocho y los Tuerto corren a la esquina y se encuentran un local diminuto con grandes tinajas de varios tamaños mentada Los Amantes y a León, el guía degustador.
León sugiere los mezcales y los Tuerto y los Mocho se los zampan. Al cabo de cuatro rondas ya se habían acabado el repertorio de la mezcalería. Se echan una quinta rodan con los más notables mientras León les convida de una penca de maguey.
Saliendo de Los Amantes, Culituerto y Culimocho confunden una instalación de decenas de figuras de barro ante Sto Domingo con una fila y se forman. Afortunadamente Culituerta y Culimocha, no menos sobrias pero sí más listas, se llevan a sus maridos antes de que hagan más desfiguros.
Al otro día los Tuerto y los Mocho van en el mochomóvil a desayunar a Santa María del Tule. Culituerto prueba el mole amarillo y concluye que ni todo el buen oficio del chef trasvestí del desayunador alcanza para que el mole amarillo no le sepa a salsa de polvo. Una tlayuda repleta de asiento, chorizo y tasajo, y el combo, clásico a estas alturas, de chocolate de agua y pan de yema, salvan el desayuno. Al terminar de tragar, hay caminata al Árbol del Tule y Culituerto lee las medidas del ahuhuete. Calcula que todo ese volumen de madera alcanzaría para hacer unas 700 hecatombes, no de vacas, pero sí de focas bebé.
Después de zamparse helado de leche quemada con pitaya, los Mocho y los Tuerto van a Teotitlán del Valle. Ahí Culituerto compra un tapete con las intenciones de usarlo como medio de transporte volador. Mientras los Mocho se hacen de cortinas geniales, Culituerto se adelanta al museo comunitario. Al salir, Culimocho comenta:
- El mejor trabajo del mundo consiste en ser huehuete de bodas aquí mero, en Teotitlán, y atender una mezcalería.
Con el mochomovil lleno de trapos los Tuerto y los Mocho regresan a Oaxaca, la cruzan y se trepan a Monte Albán donde son ahuyentados por un aguacero una hora y media más tarde. Culituerto contempla las ruinas y se queda con las ganas de examinar la gloria de la arqueología mexicana, la tumba 7.
Las subidas y bajadas de las pirámides también son causal de hambre y los Tuerto conducen a los Mocho a comer tasajo al 20 de noviembre porque mejor que una experiencia culinaria chida son dos experiencias culinarias chidas, además no hay empapada que resista unos minutos de ahumado entre los asaderos. Ya comidos y secos, los Tuerto y los Mocho, consiguen hacer espacio en sus panzas para ingerir chocolate en uno de los changarro Mayordomo de Mina.
Después de una visita al mercado de artesanías en Zaragoza y J.P. García los Mocho y los Tuerto se despiden ahítos de mezcal, tasajo, chocolate, sol y edificios geniales de Oaxaca para hacer frente al regreso a su chamba horrenda.
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¿Cómo se llamaba la mezcalería?
Saludos a los tuertos y mochos
La mezcalería se llama Los Amantes. Está sobre Allende que es una calle que desemboca en Ston Domingo.
La comida de Oaxaca es genial, es lo que mas extraño de mi ciudad, si alguna vez se les antoja una tlayuda con tasajo y sus chambas en las mazmorras de un edificio gris del df no les dejan ir Oax, existe en el centro (en el callejón de la santísima, unas cuadras detrás de palacio nacional) unos locales donde venden productos oaxaqueños, uno de ellos tiene una señora con un comal donde prepara este delicioso manjar.