Lo que no sabía de Querétaro
Ahora sé que se llama Corregidora esa calle del centro que está justo al templo de San Francisco, y que fue por dónde, aquella madrugada de 1810, Ignacio Pérez salió urgido en caballo para avisarle a un cura en Dolores, que la conspiración acababa de ser descubierta.
Pero en aquella templada tarde de octubre del 2002, para mí era una calle adoquinada y un templo que me reconocían. Un olor a elotes recién cocidos y el sonar del viento que empujaba entre sí a un montón de globos eran míos. ¿Dónde chingados habías estado? ¿Por qué tardaste tanto tiempo? Me gritaba la fuente francesa que intentaba opacar a un kiosco del que salían notas de danzón, que hacían mover en sintonía a las parejas. Más allá de las copas de los árboles perfectamente recortados, la única torre del templo terracota se alzaba orgullosa, altiva. Cortando el cielo azul como quien corta una vida. Mi vida.
No era la primera vez que estaba en una ciudad colonial. Guanajuato, el Distrito Federal, Guadalajara e incluso Mérida se encontraban en mi memoria. A ojos de turista, todas tienen un jardín, un zócalo, una iglesia barroca, una virgen a quien rezar.
Sin embargo, mis ojos dejaron de ser turistas: el nombre de una ciudad que apenas unas horas estaba en un boleto de autobús, se había convertido en algo más. Ahora era mi ciudad. Ahora sé que la calle se llama Corregidora y llega a Universidad, quien tiene un río cafesoso. El jardín se llama Zenea y era parte del templo de San Francisco; que la fuente fue un regalo y que la música en el Kiosco son los domingos; que los fines de semana hay tanta gente que estacionamiento hay que pagar.
Ya había anochecido cuando le llamé:
-¿Carnicería el buen trozo, en que le podemos ayudar?- la fuerte voz decía del otro lado del celular
Y fue en ese momento cuando mi vida no volvió a ser igual.
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Te quedó rete poético, patrona. Casi como Bradbury.
Y estoy de acuerdo, una de las maneras de hacer suya la ciudad consiste en que se lo alburean a uno a las pocas horas de haber bajado del camión.
Siempre había querido tomar una foto así, desde ese punto. Me gustó.
Snif, gracias.
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