Los poyos de mi tierra

Como deben saber los que conocen la diferencia entre viajar y turistear, la manera más eficaz de conocer una ciudad es caminando por sus calles.
En la ciudad de México, que es donde vivo y camino, hay que poner atención extra para no meter un pie dentro de una coladera abierta o dentro de alguno de los socavones que ha hecho el gobierno con la esperanza de que cuando alguien termine de rellenarlos -en la siguiente década, tal vez- los habitantes de la ciudad creamos que ya dejamos de ser región 4.
Una vez por estar contando las plumas que tienen las figuras aladas que adornan el Palacio de Bellas Artes casi voy a dar al drenaje profundo.
Afortunadamente el caminante en la ciudad de México no carece de aliados. El más notable de todos es el poyo.
Un poyo, para el que no se acuerde de sus clases de palabras homófonas en primaria, es una piedra arrimada a una pared en donde se puede sentar uno.
Los poyos son geniales. No nada más sirven para sentarse. Conozco un poyo que está rodeado por una escuela y unos talleres mecánicos. Por la mañana el poyo sirve para que ahí ponga su mercancía una señora que ha de formar parte de una conspiración de los dentistas del barrio pues vende una cantidad obscena de dulces a los niños de la escuela. Por las tardes el poyo se convierte en punto de reunión de los empleados de los talleres mecánicos que discuten sobre el futuro de la humanidad agarrados a una caguama. En las noches el poyo sirve para que las parejas de novios de la colonia tengan actividades prefornicatorias.
Pocos placeres se comparan a andar decenas de cuadras bajo el rayo del sol y encontrarse un poyo. Por ejemplo, en una de las fotos que acompañan esta parrafada salgo yo sentado en un poyo que descubrí en un extremo de la calle de Francisco Sosa que une al centro de Coyoacán con Chimalistac (a unos pasos de la librería Gandhi de Miguel Angel de Quevedo). Mi jeta de sufrimiento no es por la caminata sino porque el poyo estaba a la sombra y a unos 20 grados más frío que mi temperatura corporal. Fue como poner el culo en un bloque de hielo. Muy refrescante.
Ahora bien. No confundir un poyo noble con una vulgar banca de un parque. Las bancas están en desventaja. Cuando uno se sienta en una banca hay grandes riesgos de compartirla, ya sea con más gente o con cagarrutas de palomas. En cambio los poyos sólo son para conocedores y energúmenos que no toleramos la cercanía de otros mucho tiempo.
Hay poyos muy elegantes. El más elegante que he visto está en la cima del Monumento de la Revolución. Para llegar hay que subir las tétricas escaleras del Monumento. En la base de la cúpula, debajo de unos figurones, hay un poyo de marmol. Helado, oscuro y muy cómodo para sentarse a leer los trabajos del próximo Bicentenario de la Independencia.
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Los primeros tres párrafos deben mejorar para darle una mejor introducción al contenido principal del texto, que, dicho sea, está muy bien y me ha gustado. De ahí sólo cambiaría el culo por nalgas, y ya está. Al cierre le faltó sólo un pelín más y entonces el flojo incio hubiera quedado no sólo olvidado sino hasta perdonado. Como fuere, que vengan más textos de este autor. Puede ser garantía.
Saludos cordiales,
MAAG
Buen post, tendré que salir en mi ciudad a buscar poyos.
MAAG: El culo es el culo y si lo tiene mas sensible que las nalgas te guste o no lo va a expresar como mas le guste decirlo muy tu pedo si te espantan que digan alguna vulgaridad.
Controlzape: ORALE!! no sabia lo que es un poyo jeje, hechale ganas yo siempre te leo en librepensar, saludos!.
Rulo: La sugerencia fue por motivos estrictamente de estilo y en aras del texto (no de sensibilidades, sean mías, del autor, o incluso tuyas). Saludos. Y échale ganas. -MAAG
NB. Del primer comentario, quise decir, al final, que no sólo hubiera quedado perdonado sino hasta olvidado.
Hermano, yo soy fan de su estilo de escritura, sin rebusques ni recovecos.
No recuerdo esa clase en la primaria, pero recuerdo un poyo que había afuera de una panadería cerca de mi antigua casa; también unos poyitos en una miscelanea por casa de mis primos, innumerables bacanales de fantas y gansitos recuerdo haber pasado sobre estos últimos.
Saludos!
Culo es una palabra hermosa y redonda que debería ser utilizada con más soltura por el individuo común. En alguna discusión bizantina con otro inepto del lenguaje como yo, decía que no hay sinónimos intercambiables o de significado exacto (él decía que sí y me dio dos ejemplos, pero yo soy muy necia).
Prueba de ello son estas dos palabras:
culo es uno
nalgas son dos
1≠2.
Benditas matemáticas.
Muy emotiva la foto.
A mí también me gusta más “culo” que “nalgas”, no sé, me parece que la palabra suena más bonita y la segunda no tanto
Culo suena incluso melódico. Pero escuchar “nalgas” es como escuchar a un doctor dando cátedra de anatomía.
Felicidades por su texto, señor.
Nalgas, como derriere, pompis y demas adefesios idiomaticos son adornos de presentadores de reinado para engalanar al culo.
Las cosas como deben llamarce.
Saludos y Buen texto autor.
¿Cómo pasar de un poyo a las nalgas que se posan en el?… rayos…nuestro otro yo sexual…???
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