Problemas con el idioma español
El presente post es más de contenido anecdótico que útil como guía de viaje.
Entre las cosas a considerar cuando viajamos, una de las primeras que nos viene a la mente sin duda es el idioma. Es preocupante pensar en si lograremos darnos a entender y algunos más tímidos, pensaremos e imaginaremos los incidentes que se podrían suscitar si no nos expresamos correctamente. Noños.
El viajero experto sabrá de antemano que los panchos en Argentina no son los Franciscos comunes y corrientes que hay en México sino los populares hot-dogs. Que las bolitas de Mozart en Salzburgo no son sus testículos, sino unos chocolates muy particulares que se venden como recuerdo.
Cuando uno ha viajado y leído poco, no puede imaginarse desayunando facturas (que en México son comprobantes fiscales), bebiendo gaseosas –que aquí serían personas flatulentas-, etc.
Así me vi a mi mismo mis primeros días en Buenos Aires y continué metiendo la pata constantemente.
Una de las experiencias más divertidas fue cuando mi amigo y yo empezamos a extrañar la patria… ¡a una semana de estar fuera de ella!
Llevábamos un par de botellas de tequila para regalar y dos más para momentos como ese. No era el mejor tequila, así que era necesario mezclarlo y bajamos a por una gaseosa al kiosco –no a donde tocan los mariachis, a la tiendita pues.
Así que ahí estábamos, comprando limones, sal –mucho más fina que acá- y hielos y gaseosa. El problema fue el sabor. Buscábamos en el refrigerador y había de todo menos toronja. Después de deliberar nos acercamos a preguntar:
- Oye, ¿tienes refresco de toronja?
Eran dos tipos, se miraron confundidos y un poco divertidos. – ¿De qué?
- De toronja.
Rieron discretamente, tratando de contener la carcajada. – No, me parece que no.
Mi amigo y yo nos miramos preocupados, sin toronja no hay palomas.
- Toronja, una fruta cítrica parecida a la naranja pero color más rojo por dentro…
- Pomelo, ¿será?
Yo había escuchado alguna referencia y con la agilidad mental que me caracteriza en menesteres gastronómicos lo relacioné de inmediato.
- Sí, ¡pomelo!
- Vení, es éste de acá. Chicos, tened cuidado con lo que piden…
Nos cobraron entre risas.
- Disfruten esa toronja, mexicanos.
No supimos a qué se refería el tipo. Esa noche recordamos algunas anécdotas mientras vaciábamos la botella en cuestión.
A los pocos días, comiendo en la oficina, nos pusimos a platicar de las comidas típicas en México, de las comidas comunes entre ambos países, etc. Ahí estaba nuestro jefe, la recepcionista, los abogados de la compañía, varios vendedores, la diseñadora y un par de administrativos.
Cuando el tema de los postres salió a relucir, reímos mientras nos contaron sobre la pastaflora que yo entendí como “pataflora” –días después tendríamos oportunidad de probar en una localidad del Gran Buenos Aires que es como llaman al resto del ‘estado’ y que es un postre a base de membrillo. Recordamos que en Argentina los cumpleaños se festejan partiendo una “torta” y les conté de mi extrañeza con las facturas. Hicimos un largo comparativo de los nombres de frutas y verduras. Palta igual a Aguacate. Ananá igual a piña. Soja igual a Soya. Pomelo igual a Toronja y contamos la anécdota de la gaseosa. Aquí hubo una pausa.
Luego mi amigo comentó que una de las cosas en común era la cajeta o dulce de leche como allá le dicen. Dicho esto, todos se miraron, algunos extrañados, otros divertidos, noté la confusión y temí lo peor. No, que no hayamos dicho algo comprometedor o que atente contra la idiosincrasia n-a-c-i-o-n-a-l…
- Che, ¿la cajeta?
- Si, o el dulce de leche – reiteró mi amigo. En México se le dice cajeta y un estado vecino a Querétaro es su principal productor.
Entonces todos rieron más abiertamente y comenzaron a intercambiar comentarios que poco a poco fueron subiendo de tono hasta estallar en la carcajada general. Mi amigo y yo seguíamos sin entender que ocurría, reímos tímida y estúpidamente hasta que empezaron a calmarse unos cinco minutos después.
- Mirá vos, si qué se han metido en problemas y eso que hablamos español – decían nuestro jefe entre risas-.
- Ché, la combinación cajeta-toronja en principio no suena muy agradable, pero qué bueno que en la realidad la toronja y la cajeta son compatibles.
Y muchos comentarios por el estilo.
- ¿Hay algo malo en eso?
- Pasa que acá, popularmente se le llama toronja al órgano sexual masculino.
Más risas, no dábamos crédito a la afirmación, ¡con toda razón los tipos del kiosco nos cabulearon y se rieron de nosotros!
- ¿Y la cajeta?
- ¡Cajeta se le llama al órgano sexual femenino!
Nos reímos de nuestra ignorancia. Unos días después llegaría nuestra venganza. Mezclaríamos cajeta argentina con toronja mexicana en una noche desenfrenada de tequila.

Alfajor con cajeta Dulce de Leche
Foto: Lovelihood
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Más de lo mismoOtra crónica en: Las entretenciones de San Juan de los Lagos











Bueno es que también cada país debe tener como 1000 palabras para habalr de cosas sexosas veladamente, así ¿cómo no vamso a caer?
Oye Ché, no seas Concheto. Agarra tu remera o campera y vamos pal boliche o no tenés plata? ¡Serás boludo! ¿o es que te faltá laburo?
Desempolvando mi argentino pues
Lo bueno es que coger es coger.
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