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Controlzape Pueblo de bicicletas

1 June 2010 349 views 9 Comentarios Autor: Controlzape

ecobicis

Mis experiencias rodando en bicicleta en la Ciudad de México son pocas pero intensas.

I.

Hace muchos años, cuando recién había conseguido cogerle el truco al misterio físico del impulso inicial trepado en dos ruedas, me aventuré a cruzar los confines de “la otra cuadra” (léase lo que está entrecomillado con voz engolada como diciendo “las fuentes del Nilo”).

Iba yo tan maravillado por el prodigio mecánico que transmitía el movimiento de mis pies al de la rueda trasera que me puse a examinarlo.y dejé de poner atención al camino que tenía en frente.

Por estar contemplándome las patas no ví el carro que venía en sentido contrario. Para fortuna de mi integridad el conductor del carro sí venía viendo el camino y no sus pies como yo, por lo que cuando se dió cuenta que un mocoso montado en una bici que le quedaba grande estaba a punto de embestirlo, puso un pie en el freno y una mano en el claxón.

El ruido me apartó de mi estudio de pedales, engranes y cadena y lo siguiente que ví, muy claro, fue la estrella Chrysler. No tuve mucho tiempo para estudiarla porque lo siguiente que pasó fue que la rueda de la bici chocó con la defensa del coche y la desaceleración súbita me mandó volando de mi asiento, al cofre del coche donde aterricé todo despatarrado.

Desde entonces me tiembla el ojo.

II.

Ya adulto, hace unas semanas, me presenté con mi mujer en el número 152B de la calle de José Rosas Moreno en la colonia San Rafael.

- Buenos días ¿en qué los puedo ayudar? – nos dijo una guapa que atendía.

Después de decirle que iba por dos tarjetas para usar ecobicis y de darle una tarjeta de débito y las identificaciones mía y de mi esposa, me puse a mirar el video que explicaba de qué iba el programa de transporte individual ecobici mientras transcurría el trámite.

En la pantalla uno podía ver como gente feliz, unos trajeados, otros no tanto, se montaban en unas bicicletas que habían desanclado de unas estaciones como si fueran caballos amarrados y se ponían a rodar por Paseo de la Reforma y la Condesa. Cuando terminaba su trayecto anclaban la bici en otra estación y se iban caminando muy contentos.

- ¿Cuántos usuarios hay registrados? – pregunté.

- Tenemos a 4000 que usan regularmente sus tarjetas.

Al cabo de unos minutos salimos de ahí 300 pesos más pobres (eso cuesto la anualidad) y cargando, cada uno, un DVD para mirar el video de ecociclistas felices, un mapa con las cicloestaciones del sistema repartidas en las colonias Juarez, Cuauhtemoc, San Rafael, Condesa y Roma Norte y dos tarjetas de proximidad activadas.

Las tarjetas las usamos en el lector de una cicloestación, que esta fuera del centro de servicio, y medio minuto después estabamos arriesgando nuestras vidas en el tráfico de Sullivan, Villalongín, Insurgentes y Paseo de la Reforma.

En las últimas semanas he procurado hacer, al menos, un trayecto diario, por las siguientes razones. La primera es que me gusta andar en bici, mucho, y a cambio de 300 pesos al año agradezco el chance de hacerlo en trayectos que están cerca de mi casa y de donde chambeo. La segunda es que aborrezco el tráfico de coches en esta ciudad y considero que estaríamos mejor si la mayoría se moviera usando sus patas como medio de locomoción, ya sea caminando o pedaleando. Por último, como en todo lo que vale la pena, me gusta predicar con el ejemplo: si más gente ve a otros andando en bici creo que hay más chance de que se animen a hacer lo mismo.

El trayecto que suelo hacer empieza cerca de las puertas de mi trabajo a un costado del edificio del IMSS que está en Reforma. Ahí hay una cicloestación cercana en la que casi siempre encuentro bici. Cuando no encuentro, primero me malviajo, luego digo “que bueno que hay más gente rodando” y al final doy unos pasos y llego a alguna cicloestación con bicis disponibles.

Sólo una vez me ha tocado que las cicloestaciones estuvieran fuera de servicio. Pero aparte de eso he podido usar bicis sin problemas. Desanclo una, me fijo que no tenga las llantas ponchadísimas, la cadena esté en su lugar, los frenos funcionen y el asiento no esté en la altura “para enanos”, me trepo, la pongo en la 3ra velocidad y empiezo a rodar. Si ya está oscuro también me fijo que la luz delantera encienda pues aún no me aprendo todos los baches de memoria.

A veces cruzo Reforma, sigo por Río Elba y doy vuelta por Río Lerma. Los cruces con calles de tráfico denso como Río Tíber y Río Rhin las resuelve uno incorporándose al tráfico de la calle y esperando al semáforo. Aunque hay que andar atento al tráfico vespertino de oficinistas en patas de hule motorizados, desesperados por llegar a su casa, este trayecto, con variaciones, me ha permitido ver que la colonia Cuauhtemoc es una que vale la pena contemplar.

Va a ser inevitable que no se encuentren, alguna vez, al conductor idiota que lleva prisa para llegar a ver la repetición del final de Lost y que les eche el coche. En ese caso lo que recomiendo es que, a su vez, le echen la mirada del sr Clint Eastwood al conductor, con ello van a conseguir que se aparte pidiendo perdón; primero, por echarles el coche y segundo, por ser fan de una serie tan taruga como Lost.

Aunque los trayectos gratis son de media hora (las siguientes 3 medias horas las cobran y pasadas dos horas a uno lo penalizan, si junta uno 3 penalizaciones hay que decir un tierno adios a su tarjeta) hay suficientes cicloestaciones para recorrer el polígono actual sin prisas. Uno deja la bici en una cicloestación y tiene 10 minutos de espera antes de que el sistema le de chance de usar otra. Esos 10 minutos los puede uno emplear en recorrer las manzanas aledañas y ver que se encuentra. Yo por ejemplo, en Mazatlán y Vicente Suárez, mientras esperaba usar otra ecobici, pude ver que un perro gigantesco, paseando con un señor diminuto, hacía una montaña de caca que el dueño del chucho dejaba ahí, en la banqueta, como monumento a “la buena obra canina”. Seguí al perro y a su dueño hasta su casa que estaba a media cuadra y me hice el firme propósito de que la siguiente vez que me enferme yo de diarrea iré a cagar a la puerta de esa casa.

Estas actividades urbanas no tendría oportunidad de realizarlas sin una ecobici que me ampliara los confines a los que puedo llegar sin subirme a un coche.

En conclusión, recomiendo mucho que se vuelvan ecociclistas. Al margen del hype que pueda tener el slogan ecológico del programa, se van a divertir mucho. Además, ver a la ciudad desde dos ruedas siempre abre nuevas perspectivas: como las de que aumenten las posibilidades de acabar los días de uno debajo de las llantas de un microbucerdo.

pd. A pesar de haber hecho varios recorridos creo que algo estoy haciendo mal pues cada vez que ruedo entre el tráfico no consigo poner la cara de sosiego y felicidad de los del video promocional. La expresión con la que ruedo se parece más a un rictus de terror.

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9 Comments »

  • Lu said:

    Yo también soy una feliz ecociclista. Y neta, subiéndome a la bici, si me cambia la cara. (No tan feliz como en el promo, aclaro).

    Lo malo, es que mientras atravieso la Condesa, me encuentro una cantidad estúpida de autos estacionados en segunda fila. Y nunca sabes cuándo, los pendejos de adentro van a comenzar a avanzar o cuándo van a abrir sus puertas sin fijarse de nada.

    Si a alguno de ustedes, mentecatos estacionados en segunda fila, una morra en bici les grita “Préstame tu calle”, esa soy yo.

  • moonwarden said:

    ES un buen sistema, me hubiera gustado que hubiera más distancia entre estaciones de bicis y que la red se hubiera ampliado un poco más, esperemos que crezca.

    otra, que el tiempo para llegar a tu bici fuera más, ya que si te toca en el otro extremo a menos que seas corredor de fondo, no llegas y se te bloquea buenos 10 mins.

    Y otra, si, realmente uno pone cara de terror, ante los autos que no respetan, el rogar que los frenos funcionen y que una ventisca no te levante la falda.

    Por lo pronto estoy pensando en vender mi bici de montaña, es más práctico ecobici y no tengo que bajar y subir la bici 3 pisos sin ascensor

  • Flamehearth said:

    Yo soy viajero de ecobici frecuente junto con mi esposa, y como bien dicen aun cuando muchas veces si logro la cara de tranquilidad y alegria de los del video, muchas veces me dan ganas de decirle al conductor “are you feeling lucky….PUNK?” y sacar algo para … para… bueno entienden … ademas el sonar la campanita para muchos es sinonimo de “hechale el auto”, estoy a punto de:

    a) comprar una corneta de gas de esas de los partidos de fucho para traerla com claxon
    b) si no funciona como claxon cuando me aline en el alto junto a ellos se los sonare en la cara
    c) hacer estampas con pegamento industrial y pegarselas en el parabrisas con la leyenda “YO ESTORBO A LOS CICLISTAS Y SOY UN ESTORBO A LA SOCIEDAD”

    Mas fuera de eso ojala expandieran ya la red de ecobicis a la ROMA y a POLANCO

  • Nureyev said:

    Yo igual soy viajero frecuente ecobici y me encanta, creo que el mayor problema para nosotros son los cafres que a veces nos encontramos.
    En realidad el servicio tiene un buen servicio, aunque de repente tenga sus fallas como que de repente no deje sacar la bici de la estación o que tengas que hablar a asistencia tecninca, deberian tener un telefono en la estación.
    Deberian de multar a los cafres!

  • D-Master said:

    Cuando vi el título del post, me imaginaba que hablaría, efectivamente, de un pueblo bicicletero. Más en específico, de alguno de esas ciudades y pueblitos de provincia que, por su extensión y a falta de otro medio de transporte, usen regularmente de una bicicleta, ya sea propia o prestada.

    Yo soy ciclista urbano, y lo digo así porque voy a todos lados en bici, pero no lo practico como deporte. Es muy agradable usarla, puesto que en cosa de 10 minutos puedo estar de mi casa al trabajo, o trasladarme a casi cualquier lado de la ciudad sin problemas, puedo estacionar mi vehículo casi en cualquier lado (cualquier poste o reja sirve para encadenarla) y lo mejor es que por muy sudoroso que ande, jamás seré un agente contaminante tan extremo como lo es un automovil.

    Felicidades a todos los que usan este medio de transporte.

  • Eduardo said:

    ¿No saldría más barato que te compraras una bici?

  • Prox! said:

    Me late la idea, lo que no me gustan son esas bicis que parecen chopper. Son cómodas al menos? Será que estoy más acostumbrado a las Mountain Bike.

    Volviendo al tema, la adrenalina de moverse entre el tráfico en bici no tiene precio.

  • Controlzape (author) said:

    Eduardo: A 300 pesos al año y cero pesos en mantenimiento (porque ese lo ponen los de Ecobici), sí sale más barato que comprarse una.

    Prox: Sí son feas como bicicleta de lechero pero son muy cómodas.

    Y tienes razón, la adrenalina de evitar quedar debajo de las llantas de conductores imbéciles no tiene precio.

  • Rox said:

    Hace un par de días que anduve por la Roma me tocó ver a más de un alegre ciclista transportándose a los tacos diarréicos. Me sorprendí que el programa funcionara y la neta, morí de envidia.

    Chilangolandia rulez

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