Síndrome Jalisquillo
3:00
Querétaro
Primera Plus
En cuanto está para Guadalajara. 330. Cuántas escalas hace. Una en Irapuato. Cuánto tiempo hace. Cinco horas y media. No hay directos. No, Ahorita no hay para Guadalajara. Bueno, gracias.
ETN
Hola, en cuánto está para Guadalajara. 400. Es directo. Sí. Cuánto tiempo hace. Cuatro horas. A qué hora sale. A las tres quince. Ok, gracias.
Primera Plus
Oye, me dijiste que no hay, pero te referías a que no hay directos, verdad. Así es, sólo a las cuatro y a las ocho de la mañana hay directos. Y ahorita a qué hora sale. A las cuatro. Bueno, gracias de nuevo.
ETN
Me das uno para Guadalajara. Lugar, los amarillos son los libres. Veintiocho. 400 pesos andenes del 30 al 38. Gracias. Feliz viaje.
Antes de llegar a la terminal, había estado en la universidad presentando algunos exámenes, por lo que no me dio tiempo ni de echarme unos molletes. Ya con mi boleto en mano pasé por la sala de espera hacia los andenes. Salí y no había ningún autobús de ETN. Examiné el boleto, andenes, hora de salida. Todo estaba bien, pero me preocupó que al chofer del autobús le hubiera dado un ataque de puntualidad, lo que es raro en México, y se hubiera largado a las tres y quince en punto. Pero, no; apenas estaba entrando el autobús en el andén. De inmediato me puse frente al carro de los refrescos, para ser el primero en subir, o más bien para ser el primero en recibir el sándwich de plástico, porque me moría de hambre. Había otro carro de refrescos frente al autobús de Futura, y detrás de aquel se colocó la chica de ETN. Entonces volteé hacia atrás y vi una fila de diez güeros y güeras. Puta madre, esa es la fila para Guadalajara, pensé. Y allá voy, a formarme detrás de esas diez personas. Y cuando llega por fin mi turno de recibir mi lunch, la edecán, con esa ridícula mascada al cuello, me dice que esa fila es para Puerto Vallarta, que para Guadalajara es la otra fila. Y la otra fila es en la yo estaba en un principio, pero ahora está invadida por una pareja de octogenarios, la hija, el yerno, la dos nietas, la tía, la prima y un colado del cual no pude identificar su relación con la familia. Bueno, pues que se le va a hacer. A formarme de nuevo. Eso me pasa por güey. Parecería exageración, pero todavía demoramos más, porque la hoja de registro de la edecán, no estaba lista.
3:25
Por fin estaba en mi lugar y arrancamos para salir de la terminal. Saqué de mi mochila lo que, según yo, iba a leer en cuatro horas: El Orgasmógrafo de Serna y Diarios del Fin del Mundo de Recolectivo, pero la verdad es que no leí ni madres. Aunque aclaro que sí los leí después. También aclaro que no los he terminado, pero que ambos son altamente recomendables. Después de este espacio literario, continuamos con nuestros anales. Por fin pude descansar las piernas y las nalgas en los asientos tan cómodos y disfrutar de mi croissant con una embarrada de jamón. Al chico burrote, como diría mi tía, se le ocurrió pedir agua, tibia por cierto, y no refresco. Refresco es igual a mucha azúcar, se queda en los dientes y deja una sensación pegajosa desagradable, yo y mis pensamientos pendejos. Entonces me tuve que pasar el croissant con tragos de agua tibia. Pero qué güey, si entre los dos baños está el despachador de agua, fría o caliente, y yo ando pidiendo agua, hazme el favor. Claro que pensándolo bien, nunca tomaría de esa agua, con todo lo que ocurre en esos baños y en los contenedores, preferiría tomar del grifo oxidado de cualquier casa.
De pronto recordé que tenía que avisar a Conny, de la hora de partida, para que estuviera esperándome afuera de la terminal de Guanatos a la hora de mi llegada. Entonces al llamarla me di cuenta de que ya no tenía saldo. Cómo que ya no tenía saldo, si casi no lo había usado. Marqué de nuevo; sí, en efecto: “El saldo de tu amigo se ha agotado…” bla bla bla, pinche amigo culero. Entonces marqué el número de mi hermana, sabiendo que le iba a llegar uno de esos mensajes de: el usuario con el número tal está jodido y necesita que tú le llames. Y así fue; no había pasado un minuto cuando mi hermana me marcó. Qué paso hijo. Nada, qué estás haciendo. Nada, dónde andas. Voy en un autobús. Y ora, para dónde vas. Para Guadalajara. Y a qué. Oh, nomás de vago. Ah bueno, está bien. Oye me puedes hacer un gran favor. Qué pasó. Es que no me di cuenta que ya no tenía saldo, y ahorita voy en el autobús y no puedo ponerle saldo, y necesito mandar un mensaje, me puedes poner saldo y luego te lo pago, aunque sean veinte pesos, por favor. Nada más veinte. Sí, está bien. Bueno, ahorita mando a mija. Bueno, gracias, entonces luego nos vemos, Sale, hijo, que te vaya bien. Sale, adiós. Bye.
Después de terminar con mis sagrados alimentos, fui directo al baño; así pareciera que no valió la pena el aperitivo. Pero mi estomago parece extractor de jugos industrial. En mi camino al baño me iba tambaleando. Ustedes saben cómo es cagar en el baño de un autobús. Sí le atiné, pero dejé todo embarrado de caca sobre el acero. Hay que hacer malabares para limpiarse: la mano izquierda bien sujeta a la barra de plástico esa, la mano derecha jalado el papel, y además hay que mantenerse entre tanto zangoloteo en posición guerrero águila; porque jamás permitiría que mis nalgas tocaran el asiento de esa taza. Es recomendable bajar la tapa de la taza, y apretar el botón de desagüe, con un pie fuera del baño; porque cuando se desliza la tapa de plástico para absorber toda esa mierda y sale un vapor con olor increíblemente asqueroso, mucho peor que el de la propia caca. La parte trasera del autobús es un estomago artificial con todo e intestinos de mangueras y contenedores. Así que toda esa caca que se acumula kilometro tras kilometro, va quedando embarrada como sarro, y ya nunca de los nuncas quedará limpio, esa es la razón del olor tan fétido. Hay toallas para secarse la manos, pero no hay jabón. Cuando intenté lavarme las manos, no encontré llave para la pipeta, tampoco era automática, ni siquiera había jabón. Ni modo, así me quedé, de cualquier manera ya había comido.
Cuando llegué a mi asiento, estaba comenzado una muy vieja película con Pamela Anderson: Blond n´ Blonder, como si ver enormes tetas bastara para entretenernos. Era muy aburrida, pero además el sonido era malísimo: como cada asiento tiene sus propios audífonos, había personas que no encontraban el canal donde se escuchaba la película, y cuando lo encontraban, se daban cuenta de que apenas y se escuchaba. Tal vez otros optaron por escuchar la música, que eran sólo éxitos de los setentas, ochentas y más: aburrido también. Así que le pedí al vecino, el periódico Record, qué mejor que futbol para entretenerse nomás. La verdad no tenía ganas de abrir los libros ni de dormir. Hojeando el Record me di cuenta de que me perdería el partido del Guadalajara. Después vino Be Cool con John Travolta y Uma Truman; una película bastante divertida que ya había visto, la hubiera visto de nuevo sin problema, pero la cuestión del sonido me hizo desistir. Al final vino Wanted con Angelina Jolie. Al principio se me hizo extraño una tercera película: dos películas son comúnmente igual a doscientos cuarenta minutos que a su vez sería igual al tiempo en el que tendría que estar en Guadalajara. Pero no, teníamos poco de haber pasado la caseta de Ocotlán, cuando comenzó Wanted. A ésta sí le puse atención a pesar del sonido. Pero de volada llegamos a la caseta de Zapotlanejo, y yo no sabía que estaba a media hora de pisar tierra tapatía. Conny me llamó: Hola, dónde vienes, me avisas cuando pasen la caseta de Zapotlanejo. Acabamos de pasar hace diez minutos. Ah, entonces ya van a llegar, me avisas si hay algún accidente, para esperarte. No, todo va bien nada de accidentes.
7:56
Entonces momentos después me asomé por la ventana, y veo un auto compacto llantas arriba entre las dos carreteras. Afortunadamente no se armo el desmadre. Me quedé viendo el paisaje: puras lomitas color ocre, yo me preguntaba: cuándo voy a llegar a Guadalajara, si no se ve ni un atisbo de civilización, y Conny dice que ya estoy cerca. Pensé qua la boletera de ETN, me había choreado, porque ya habían pasado las cuatro horas. Pero en realidad ya estaba cerca; sólo me aventé otros quince minutos de Wanted y ya estaba llegando a Guanatos. Me cortaron la película que por fin me había gustado.
Al acercarnos a la terminal, recordé Celaya, por la basura rodeando el lugar; después, cuando el autobús entraba en el andén, recordé la terminal de San Juan del Río; en efecto, la terminal parecía de pueblo, pero más grande. Pero en general, muy práctica; de una patada ya estaba afuera y subiendo al carro de Conny, y no hubo oportunidad de perderme o de que alguien me viera la cara de pocos viajes.

Me atrapo el estilo narrativo del relato, desenfadado e informal. Sigo al pendiente.
Oh, un relato que se lee corridito y en un ratito. Como me gustan.
Tamaño choque “cultural” es el que nos da a los norteños cuando vamos al sur de México (entiéndase: centro y sur)debería a ver alguien del Norte del país que nos narrara tal cosa