Crónicas de México
Imperdible, México »
El techo es alto y un tragaluz ilumina la habitación. Un ventilador de madera cuelga en el centro y sus aspas sólo sirven para cortar la luz. Esperando recibir un poco de aire, me acuesto en calzones en la cama superior de la litera. Esas esperanzas son ilusas, los 42°C que hay en la calle de Mérida me han inflamado las córneas y debilitado mis piernas.

